Cuando ella dice: “NO quiero” y él insiste

Diciembre 20, 2009, 7:27 pm por Spirit  
Publicado en Cultura y Sociales

ellas

Agencia guerrero al Día.- Acaba de ocurrirme. Salí de viaje por asuntos de trabajo, al interior del país. Todo bien, ya saben ustedes, uno ahí, departiendo con colegas, charlando, compartiendo pláticas de trabajo, salidas a comer y, como siempre, por la noche, la salida para conocer la ciudad, olvidarse del trabajo e irse de copas.

Bueno, nada fuera de lo normal dirán ustedes. Algunos cocteles, bebidas, alcohol. Ahí no había nadie de mi interés. Léase nadie. Ni por error, nada, ni tantito. Yo sólo quería disfrutar de las pláticas, la risa y,  bueno, después ir a dormir tranquilamente al hotel.

Nunca he sentido ni vivido en carne propia la discriminación de género para obtener un trabajo o para ganarme lo que he conseguido hasta el momento. Digamos que ni siquiera es algo que me cruce por la cabeza. Yo tampoco discrimino ni doy preferencias a alguien por ser hombre o mujer. Su trabajo, su esencia, su historia y su integridad son lo que cuentan, no importa el envase en que se encuentre.

Todo esto va como preámbulo para decirles que hasta muy tarde en esa salida de noche, no reparé en que yo era la única mujer en el grupo de aquella salida nocturna. Y muy tarde (léase en la madrugada) me di cuenta de que la sola acción de ser yo la única fémina de entre un grupo de hombres con alcoholes encima,  me ponía en un lugar de desventaja y en el que yo no quería estar: de pronto y sin quererlo me convertí en la manzana de la discordia.

Y alcancé a escuchar algo mientras me paraba y caminaba hacia el baño: “La quieres tú o me la quedo”. ¿La chela? ¿La margarita? ¿La silla? No, hablaban de mí. Me estaban colocando en una especie de sorteo en el que yo no tenía derecho a opinar y en el que ni siquiera sabía que estaba participando. Uno de ellos era sudamericano. Y entonces escucho que mi connacional, léase el mexicano, le decía: “Pero como tú vienes de fuera tienes prioridad”. Y luego unas risas. Siempre tan hospitalarios los mexicanos ¿no? Me hubiera encantado quedarme a escuchar qué respondían pero el alcohol, y su efecto diurético, hizo que yo no pudiera esperar más.

Intenté rebobinar lo sucedido esa noche para ver si algún gesto mío que pareciera coqueteo, una palabra, una risa, algo, qué se yo, se hubiera tomado como que efectivamente yo quería algo con alguno de ellos. Nada. Yo bebía a la par de ellos de la manera más desenfadada. La respuesta fue que yo era la única mujer y por lo tanto, según su punto de vista, un plato listo para comerse. Y si estaba ahí sola es que de alguna manera estaba disponible ¿no? O que en el mejor de los casos, pues algo quería ¿qué no?

Al final, la noche terminó con ellos ahogados de borrachos y yo queriendo huir rápidamente al hotel. Tomé un taxi y abandoné a mis, hasta entonces, respetables colegas.

Al día siguiente todavía uno me dijo que me llamaría, otro que me escribiría y uno más tuvo la osadía de llamarme a mi habitación esa misma madrugada. ¿Qué parte de NO, no entendieron? ¿De qué otra manera se puede decir que no, no me interesas, no quiero salir contigo, tengo novio, no quiero un café, no me llames en la madrugada?

Tampoco piensen que me hago la difícil para coquetear. Eso me parece una tontería. Un no es no y ya. Seguramente muchas mujeres se sienten identificadas con este episodio. Les habrá ocurrido más dramáticamente o no, pero lo cierto es que no hay fémina sobre la faz de la tierra a la que no le haya pasado.

¿Cómo podemos decir a los hombres que NO cuando ese no es verdaderamente un NO negativo? ¿Cuando ese no, no encierra ni de la manera más mínima un sí?

Debo decir que a veces la franqueza, en estos casos, no funciona. Muchos hombres no pueden creer que haya mujeres asertivas y sinceras que digan en su cara no me gustas, no me llames, no quiero esto. Lo toman muchas veces como un reto, como coquetería.

Lo peor de todo es que muchas mujeres ceden a la presión de querer salir con alguien o tener algo con alguien sin desearlo. Tal vez es por eso que ellos están tan acostumbrados a insistir porque saben que cuatro de cada diez caerán en sus redes. Yo creo que va siendo hora de que las mujeres dejemos claro, así como ellos lo hacen, cuando no queremos nada con ellos. Creo que frente a la ambigüedad en términos de flirteo o de relaciones amorosas las mujeres siempre terminamos perdiendo.

A veces somos demasiado buenas para alzar la voz, para decir que no cuando no queremos nada en realidad. Queremos siempre tocarnos el corazón por miedo a dejar de parecer amables, a parecer malas o demasiado agresivas (ya se sabe que muchas mujeres se sienten educadas para nunca perder la compostura). Pero no, creo que ahí, en esa falta de asertividad, las mujeres perdemos mucho. Tener sexo por presión, sin ganas ni antojo, es lo peor que pueda ocurrirte. Además de que estamos perdiendo así demasiado terreno en materia de igualdad.

Así que la próxima vez que quieran, chicas, decirle a alguien que no quieren sexo, que no les gusta, que simplemente no les interesa ningún tipo de propuesta sexual, háganlo sin el menor remordimiento de conciencia. Incluso, me atrevería a decir, gócenlo.

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