Técnicas de striptease para seducir
octubre 1, 2009, 11:58 am por Spirit
Publicado en Cultura y Sociales
Agencia Guererro al Día.- Esta escuela no es como las demás, aquí no hay niños, ni muchos salones, ni maestros, pero sí mujeres con ganas de aprender y una maestra en un salón. Las alumnas aprenden el striptease casero, table dance y baile con tubo.
Andrea Garfías en 1993 abrió una escuela por la que han pasado mujeres de todas las edades, de todos los estratos sociales, con un claro objetivo: reconquistar a su pareja, atraer a una persona o revivir la llama del amor y del deseo, todo mediante una herramienta: el cuerpo.
“A mi escuela vienen mujeres desde los 18 a los 78 años, de varios lugares y profesiones. Hay sexólogas, psicólogas, mercadólogas, eso sí, la mayoría son amas de casa”, dice Garfias.
“Se les enseña el striptease, baile en mesa, silla, regazo de tu hombre, entre otras prácticas. También les dejo tareas para que experimenten en casa, como ejercicios al lamer helado; caminar con el carrito en mano mientras hacen las compras del súper”.
Lo más importante es que la alumna tenga ganas de sorprenderse a ella misma y por consecuencia a su pareja, “es romper con la monotonía, y aventarse a hacer muchas cosas, un día son mucamas francesas, otro enfermeras”.
Cinco tips para ser sensuales
La instructora de baile y técnicas de striptease sugiere:
- 1. Se tú misma, deja de comprometerse con los demás, primero comprométete contigo
- 2. Explota tus sentidos (olfato, gusto, tacto, vista, oído), le agrego dos, el dolor y el movimiento
- 3. Baila, es una actividad que erotiza al otro, siempre con movimientos suaves
- 4. Usa fetiches: tacones altos, liguero, lencería atractiva y sensual
- 5. Mantén la vista en los ojos de tu pareja
Las clases requieren mucho de autoestima y confianza. De acuerdo con Garfias, la timidez no la paga nadie, es una represión que viene desde casa o desde la infancia. Son las alumnas las que deciden hasta dónde llegan, lo que hacen y lo que no.
Todo va de acuerdo a sus posibilidades e inquietudes. Al final de cada curso se hace un examen donde todas bailan ante todas. “Los hombres lo agradecen infinitamente, tengo cartas de ellos diciéndome que lo disfrutan mucho. Y ese es uno de los objetivos, hacerlo con y para tu pareja”.
La importancia de la música en este tipo de bailes es fundamental: debe ser suave. “Cada canción es como una miniobra de teatro, al término de las clases, les digo que no repitan un baile en un año. Deben ser creativas cada vez diferente. Un striptease es el preámbulo, siempre he dicho que cuando le invitas un baile a tu hombre, es como la primera vez que lo invitas a hacer el amor”, finaliza.
Los cursos tienen una duración de 10 horas cuesta con opción a 4 más sin costo adicional, en caso de que la alumna lo requiera, el precio es de 2 mil 500 pesos, si se inscriben en grupos de dos, tres o más, ofrecen descuentos. Otras asignaturas del curso son: maquillaje, peluquería y vestuario. Su página: http://www.platinumhighclass.com/
Bailar en la intimidad para seducir
agosto 28, 2009, 11:46 am por Spirit
Publicado en Cultura y Sociales
Agencia Guerrero al Día.- Hasta el momento no he conocido a ningún chico que no haya ido alguna vez a un table dance a ver un striptease o disfrutar de un baile erótico de mujeres. O quizá existe por allí pero a mí nadie ha tenido a bien presentármelo.
Me gusta preguntarle a mi círculo de amigos cómo han sido aquellas experiencias. Me gusta que los hombres me hablen de sus anécdotas de varones como si yo fuera uno más de ellos. Con su lenguaje crudo. Me gusta mirar en sus ojos cómo recuerdan la lujuria de ese día. Claro, habrá detalles que omitan, cosas que creen que estos “oídos castos” no deben escuchar nunca. Pero sus caras lo dicen todo. Y eso me encanta.
Tengo amigos que han ido a muchos y de todo tipo: de mala muerte, de mejor caché, de moda, para sanar su corazón o algún otro músculo. Cada cual su músculo, digo yo. Las necesidades son siempre tan diferentes.
Yo, debo confesar, también he ido. No para sanar músculo alguno, sino por curiosidad, mera curiosidad, por morbo tal vez.
¿Alguna de estas lectoras ha ido a un table dance alguna vez? Si lo han hecho entenderán perfectamente a lo que me refiero. Y no negarán haberse erotizado viendo a otras mujeres bailar.
En mí no es un hábito, claro está. No voy a gastar miles de pesos viendo a mujeres hacer lo que yo hago: bailar para un hombre. Porque quizá ellas lo hagan por trabajo; yo, por placer. Y cada una tendrá sus razones totalmente respetables de hacerlo.
Me encanta erotizar de esta manera y sé que muchas feministas van a odiarme en este momento y decir que en este tipo de espectáculos las mujeres son sólo un objeto sexual. Tal vez. Y como la prostitución, también es una compra-venta. No la defiendo ni la critico. Sé que no es un ambiente del todo lindo, pero en este post sólo hablaré del placer de ver, del vouyerista que imagina mirando. Ésa es la parte que en este momento me importa.
Y aunque habrá quien diga que este blog sólo incita a los pensamientos fuera de todo orden decoroso y que además está escrito por un hombre porque una mujer ¡jamás!, escuchen esto, ¡jamás! podría pensar esto, no me meteré en juicios morales.
Esta semana fui a uno. Las luces apagadas, apenas algunas sobre el escenario, la chica bailando una música horrible (el gusto musical de los DJs de tabledance no es muy bueno que digamos), pero en ese momento nadie se pone en su papel melómano. Quizá, al final es lo que menos importa.
Y ahí las vi: Tania, Azucena, Zulema, Jennifer y Gaviota. Son algunos de los nombres que recuerdo en ese lugar de mediano “caché”. Siempre que las miro sonrío disfrutando con ellas cómo erotizan a otros. Y aprendo de sus estrategias. De sus bailes, de sus miradas, de cómo hacen lo que hacen, de cómo disfrutan su desnudez.
Bailar frente a él sí es un hábito para mí. Me encanta hacerlo y sentirme deseada, subirme en mis botas largas o en mis tacones favoritos de plataforma negros, las medias de red, el mejor corset, ponerme a tono con la música y luego disfrutar del placer.
Un día después de haber visto bailé para él como muchas otras veces. Adoro esta mirada primera de él, de complicidad, la sonrisa, y luego, en el medio de la canción, la lujuria, su deseo de poseerme, de no poder tocarme, de imaginarme otra, de olvidarse de todo recato.
Hacerlo no me parece una acción denigrante para mujer alguna cuando se trata de un juego sexual. No me parece que una se humille y tampoco detesto la idea de convertirme de pronto, y en una noche en un objeto sexual, porque sí, lo he sido muchas veces y me encanta. Ellos lo han sido muchas veces para nosotras, pero no lo decimos. No creo que no exista mujer a la que no le guste sentirse poseída de una manera intensa y salvaje. De hecho, creo que todas levantamos la mano para eso.
Si no lo han intentado, nunca es tarde. Y como lo digo y creo: para esto la edad ni el cuerpo importan. No importa si se tienen 50 o 30 y no se tienen las carnes de una chica de 20. No importa si se tienen 20 sin la experiencia de una de 50. El deseo va más allá de eso. El placer de mirar, de erotizarse observando lo que el otro hace por y para nosotros supera todas esas barreras mentales.
Tampoco hay que saber los grandes pasos de baile. Yo siempre ensayo, antes y a solas, y si puedo intento grabarme para ver mis mejores movimientos o equivocaciones. Cuando de pronto quiero salir de la rutina del sexo, sólo le digo a él: siéntate allí y disfruta. Al final ese acto sexual será, se los aseguro, de los mejores que tendrán en sus vidas.
No cuesta, es gratis. Sólo basta tener un buen conjunto de lencería, apagar las luces, encender las velas, querer jugar y abandonarse al placer. Ser otra por una noche. Ser quizá lo que nunca te atreverías a ser. A mí me encanta ser Jeannine, Coral o Celeste. Y ¿a ustedes?








